| |
 |
 |
| |
|
|
«Y yo os aliviaré...» |
Septiembre 2007 |
| |
|
|
| |
Hola, Jesús. Hola, Jesús. Tenemos la clara conciencia de que sin ti no podemos nada; necesitamos tu ayuda para comenzar, con ánimo y con ilusión, este nuevo curso. Parece algo sencillo, pero nos sentimos incapaces; por eso nos acercamos hoy a ti, porque Tú siempre estás ahí, cerca de nosotros, y siempre nos sonríes, y cuidas de nosotros.
Es verdad que somos todos tuyos, «las niñas de tus ojos» , y que lo que nos das en cada momento es lo mejor para nosotros. Lo importante es que seamos capaces de verlo y de aceptarlo, para que Tú reines en nuestro corazón. Y para eso necesitamos tu luz y tu ayuda.
|
|
| |
En la vida de cada uno pasan cosas que nos entristecen; otras veces es la conciencia de nuestros pecados la que nos lleva a la tristeza. Esto nos pasa a todos, con unos matices u otros, pero nos pasa a todos. La diferencia está en cómo afrontamos estas situaciones. Podemos poner como ejemplo a Saúl y David:
«¡Que imagen tan distinta ofrecen los dos primeros reyes de Israel, Saúl y David! ¡Cuánto le costó a Saúl doblegar su cerviz ante Dios! Y eso que, como David, hubo un tiempo en que no era nadie.
»Es verdad que ambos pecaron: Saúl por la codicia ante el botín arrancado a los amalacitas y por la desobediencia al Señor, David por el adulterio, el asesinato y la perfidia con que quiso borrar las huellas de su pecado (cf. 2 Sam 11, 2-27).
»Sin embargo, las reacciones de ambos reyes ante el pecado que la Luz divina les descubría, fueron completamente distintas. Saúl se nos presenta como el tipo de persona que opone continuamente una firme resistencia a la gracia. David en cambio, a pesar de que su pecado era mucho más grave, representa una gran caída pero, al mismo tiempo, una profunda y conmovedora contrición. Ambos sufrieron desgracias, pero sólo en el caso de David, éstas produjeron contrición, excepcionalmente visible cuando huyó ante su hijo Absalón.
»David escuchó la llamada del Señor en acontecimientos difíciles de aceptar: en la muerte de su hijo nacido de Betsabé, en los dramáticos conflictos entre sus demás hijos, en la rebeldía de Absalón, y finalmente en los insultos que le lanzaba Semeí. Al aceptar las sucesivas desgracias y humillaciones, se abrió a la voz del Señor que le exhortaba a la conversión (2 Sam 16, 5-12).»
(S. Biela)
|
 |
| |
El rey David dejó de mirarse a sí mismo, de pensar en sus intereses egoístas, y mirando al Señor esperaba su misericordia, y descansó en Él. Este es el camino acertado también para nosotros. Pero cuando lo intentamos descubrimos nuestra incapacidad. Pidámosle ayuda a nuestra Madre María para que ella nos lleve por este camino.
|
|
 |
«María, Madre de Jesús,
acudimos a Tí como hijos que acuden a su Madre.
Nuestra condición humana es débil;
por eso venimos a suplicar tu ayuda maternal
para conseguir sobreponernos a nuestras debilidades.
Ruega por nosotros,
para que, a nuestra vez, podamos ser
personas de oración.
Invocamos tu protección para poder permanecer
libres de todo pecado.
Invocamos tu amor para que el amor pueda reinar,
y nosotros podamos ser compasivos
y capaces de perdonar.
Invocamos tu bendición
para que podamos ser como la imagen de tu Hijo,
Señor y Salvador nuestro, Jesucristo.
Amén.»
(Beata Teresa de Calcuta)
|
|
| |
(Peticiones)
(Contemplación y rezo del 4º misterio doloroso: La coronación de espinas)
(Acción de gracias)
|
| |
(Oración:)
«Dios de bondad, te doy gracias
por todo cuanto me has regalado.
Me has otorgado muchas capacidades.
Me has dado este cuerpo
en el que mi alma habita gustosa,
en el que tú mismo has puesto tu morada.
Con él puedo alegrarme, puedo amar,
pero también trabajar y hacer deporte.
Me has regalado personas buenas...
Me has enviado siempre en el momento oportuno
una persona que se ha convertido
para mí en un ángel
y que me ha ayudado en mi camino.
Tú me has acompañado en mi camino,
aun cuando a veces no te sintiera
o no me haya abierto demasiado a ti.
Te doy gracias por cada instante.
Pues en cada instante estás junto a mí.
Te doy gracias
por haberme creado tal como soy,
único e irrepetible.
Te pido
que sepa yo ir agradecido por la vida
y que, en virtud de mi agradecimiento,
también las personas que me rodean
abran los ojos al misterio
de su vida.
Amén.»
(Anselm Grün, OSB)
|
|
|
|
|