A Jesús por María rafael
     
Necesitamos tu amor misericordioso
Septiembre 2006
     
 

Estamos aquí como reacción a la situación actual; convencidos de que el Señor de esta forma nos llama para que nos acerquemos a Él, y pueda derramar sobre nosotros su Amor, y, desde nosotros, llegar a otras personas. En su Amor está la solución a todos nuestros problemas.

El esfuerzo de venir hoy aquí, Tú ya nos los cuentas como si hiciéramos algo grande. Y nos miras como nosotros a nuestros hijos mientras duermen.

Le entregamos al Señor nuestro «a vivir, que son dos días», y que Él haga lo que sea más conveniente, que siempre será para nuestra felicidad y gozo.

«El hombre contemporáneo se interroga con frecuencia, con ansia profunda, sobre la solución de las terribles tensiones que se han acumulado sobre el mundo y que se entrelazan en medio de los hombres. Y si tal vez no tiene la valentía de pronunciar la palabra “misericordia” , o en su conciencia privada de todo contenido religioso no encuentra su equivalente, tanto más se hace necesario que la Iglesia pronuncie esta palabra , no sólo en nombre propio sino también en nombre de todos los hombres contemporáneos» (Dives in misericordia).

 
 

«Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño.

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha.

Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas escóndeme.
Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante.»

(Salmo 16)

 
 


(Misterio del Rosario; 5º misterio doloroso: la Crucifixión y Muerte de Cristo en la Cruz.)

«Contemplemos finalmente a los Santos, a quienes han ejercido de modo ejemplar la caridad. Pienso particularmente en Martín de Tours († 397), que primero fue soldado y después monje y obispo: casi como un icono, muestra el valor insustituible del testimonio individual de la caridad. A las puertas de Amiens compartió su manto con un pobre; durante la noche, Jesús mismo se le apareció en sueños revestido de aquel manto, confirmando la perenne validez de las palabras del Evangelio: “Estuve desnudo y me vestisteis… Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”» ( Deus caritas est , n. 40).

(Peticiones)

«En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: –“Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres”. Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro que no cogían el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto» (Lc , 9, 43b-45).

(Acción de gracias.)