A Jesús por María rafael
     
No me escondas tu rostro
Octubre 2008
     
 

Hola, Jesús. Acudimos a Ti esta tarde, buscando tu ayuda, porque nos sentimos necesitados. Queremos pedirte, cada uno de nosotros, que nos cojas de la mano y la sujetes muy fuerte, porque nos despistamos con mucha facilidad y nos salimos del camino, que eres Tú. Quisiéramos, como nos recomienda el Papa, «dejar de mirar nuestras heridas para mirar las tuyas» ; y en ellas descubrir que sí, que somos pecadores, pero unos pecadores muy amados. En tus heridas podemos ver que Tú estás dispuesto a todo por cada uno de nosotros, que Tú lo has dado todo para que podamos descansar. Descansar en Ti, que tienes el perdón para los pecados y el ánimo y la alegría para seguir adelante. Sujétanos de la mano, tira fuerte de ella para que no nos apartemos de Ti.

Brazos en Cruz

 
 

Señor Jesús, ayúdanos a entender el sufrimiento, o mejor, a aceptarlo, porque nos pasamos la vida intentando evitarlo, sin asumir que esto es imposible, y sin terminar de comprender que Tú, con tu Pasión, nos has mostrado que el camino de la felicidad pasa necesariamente por la Cruz.

 
 

«Dios omnipotente y misericordioso,
sencillamente no entiendo
por qué me has exigido este sufrimiento.
Pues yo siempre he intentado
cumplir tus mandamientos, orar
y vivir desde el Espíritu de Jesucristo.
¿Por qué no has apartado de mí
este sufrimiento?
¡Tú eres omnipotente!
Si eres misericordioso.
¿por qué no me has librado, entonces, Perdón
de todo este dolor?

Siento en mí la tentación
de cerrarme a ti.
«Nada en absoluto tiene sentido.»
«De nada sirve que ore a ti.»
«Pasa lo que por lo visto
tiene que pasar.»
Pero, pese a todo, no quiero alejarme de ti.
Mi historia contigo es para mí demasiado importante
como para dejarte y abandonarte.
Hago causa común con los judíos piadosos,
que te acusan, pero no dejan que el sufrimiento
les haga desistir de gritarte.
 
Así grito yo a ti en mi sufrimiento.
Escúchame para que mi dolor se mitigue.
¡No me escondas tu rostro!
Envíame tu Santo Espíritu
para que no me dé por vencido,
sino que pueda seguir andando mi camino.
Muéstrate conmigo
como un Dios clemente y misericordioso.
Transforma mi sufrimiento,
para que a través de las lágrimas
te reconozca de nuevo como aquel
que no me ha abandonado en ningún momento de mi vida
y que me acompaña en todos mis caminos.
Amén.»

(Anselm Grün)

 
 

(Peticiones)
(Contemplación y rezo del 4º misterio doloroso: Jesús con la Cruz a cuestas)

 
 
Mamá, tú siempre nos llevas en tus brazos; ayúdanos a serMamá
dóciles para que nos puedas introducir en el Corazón sanador
de Jesús, y desde allí ser agradecidos con Él y devolverle un
poco del Amor que Él nos regala. Queremos oír, dirigidas a
nosotros, las palabras que dirigiste a san Juan Diego:

«No temas, ¿no estoy yo aquí, que soy tu Madre?» Gracias.

(Acciones de gracias)