A Jesús por María rafael
     
 
Caminos de conversión
 
 
Marzo 2010
 
     
Benedicto XVI
«Impresiona la ternura con que Jesús trata a la mujer adúltera, a la que tantos explotaban, y todos juzgaban. Ella encontró, por fin, en Jesús unos ojos puros, un corazón capaz de amar sin explotar. En la mirada y en el corazón de Jesús recibió la revelación de Dios, que es amor.

»Para evitar equívocos conviene notar que la misericordia de Jesús no se manifiesta poniendo entre paréntesis la ley moral. Para Jesús el bien es bien y el mal es mal. La misericordia no cambia la naturaleza del pecado, pero lo quema en un fuego de amor. Este efecto purificador y sanador se realiza si hay en el ser humano una correspondencia de amor, que implica el reconocimiento de la ley de Dios, el arrepentimiento sincero, el propósito de una vida nueva. A la pecadora del evangelio se le perdonó mucho porque amó mucho. En Jesús, Dios viene a darnos amor y a pedirnos amor.»

(Silencio)
 
 
«En la parábola del hijo pródigo, cuando el hijo que “estaba perdido” decide volver, comprende que está perdido, que en su casa era libre y que los siervos de su padre tienen más libertad que él, que se creía totalmente libre. “Entrando en sí mismo”, dice el evangelio, y esta expresión, nos recuerda el pensamiento filosófico de los Padres: viviendo lejos de casa, de su origen, este ser humano se había alejado también de sí mismo. Vivía apartado de su existencia.

»Su vuelta, su “conversión”, consiste en el hecho de reconocer esto, comprende que está alienado, que se ha marchado realmente “a un país lejano” y que ahora regresa hacia sí mismo. Las palabras que prepara para el momento de la vuelta ponen de manifiesto que su existencia está en camino y que ahora se dirige –en una travesía por todos los desiertos- a casa, a sí mismo y al Padre.

»El padre ve al hijo y corre a su encuentro. Escucha la confesión del hijo y percibe en ella el camino interior que ha recorrido. Por eso, no sólo no deja que termine, sino que lo abraza, lo besa y ordena que preparen un gran banquete.»

(Silencio)
Hijo pródigo
 

«Ahora entra en escena el hermano mayor. Tengamos bien presente que el padre de la parábola no sólo no cuestiona la fidelidad del hijo mayor, sino que corrobora expresamente su condición de hijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo”. Lo que Jesús dice en esta parábola se refiere al peligro específico de los piadosos, en regla con Dios. Se ven en una relación legal con Dios y, en este sentido, están en regla con él. Pero tienen que convertirse del Dios-ley al Dios del amor. Entonces no renunciarán a su obediencia, pero ésta manará de fuentes más profundas, y será, por tanto mayor, más abierta y más pura, pero sobre todo también más humilde.

»En la amargura contra la bondad de Dios se percibe una amargura interior por la obediencia otorgada; interiormente, habrían deseado con gusto marchar hacia la gran libertad. Hay una envidia callada de lo que el otro ha podido hacer. No han realizado la travesía que ha purificado al hermano menor y le ha hecho reconocer lo que significa realmente la libertad, lo que significa ser hijo. También ellos necesitan aún un camino; pueden encontrarlo simplemente si le dan la razón a Dios, si acogen la fiesta de Dios como suya.»

(Silencio)
 
  Contemplación del 4º misterio doloroso, Jesús con la Cruz a cuestas  
 

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor
y no olvides sus beneficios.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura.

El señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles.

 
  Acciones de gracias