A Jesús por María rafael
     
San José, modelo de amor
Marzo 2009
     
 

¡Alabado sea Jesucristo que nos ha reunido hoy (…) para hacernos penetrar de una manera más profunda en su vida!

En la liturgia de la fiesta de San José, en la primera lectura se lee cómo] el profeta Natán va a decir a David, por orden del mismo Dios: "afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas" (2 Samuel 7, 12). David tiene que aceptar la muerte sin ver la realización de esta promesa, que se cumplirá "cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres". De este modo, podemos ver que uno de los deseos más queridos para el hombre, el de ser testigo de la fecundidad de su obra, no siempre es escuchado por Dios. Pienso en aquellos, de entre vosotros, que son padres o madres de familia: legítimamente tienen el deseo de dar lo mejor de ellos mismos a sus hijos y quieren ver como alcanzan un auténtico logro. Sin embargo, no hay que equivocarse en lo que significa este logro: lo que Dios le pide a David es que confíe en él. David no verá a su sucesor, que tendrá un trono "estable para siempre" (2 Samuel 7, 16), pues este sucesor, anunciado bajo el velo de la profecía, es Jesús. David confía en Dios. Del mismo modo, José confía en Dios, cuando escucha que su mensajero, su ángel, le dice: "José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo" (Mateo 1, 20). José es, en la historia, el hombre que ha dado a Dios la prueba más grande de confianza, incluso ante un anuncio tan increíble.

Queridos padres y madres reunidos hoy aquí, ¿confiáis en Dios que hace de vosotros padres y madres de sus hijos adoptivos? ¿Aceptáis que cuente con vosotros para transmitir a vuestros hijos los valores humanos y espirituales que habéis recibido y que les prepararán para vivir su vida con amor y respeto de su santo nombre? En una época en que tantas personas sin escrúpulos quieren imponer el reino del dinero despreciando a los más pobres, tenéis que estar atentos. (…) ¡[Las naciones] están en peligro si no reconocen al verdadero autor de la Vida! (…) ¡[Vosotros] habéis recibido de Dios muchas virtudes humanas, cuidad de vuestras almas! No os dejéis fascinar por falsas glorias e ideales falsos. ¡Tened fe! Sí. Seguid creyendo en Dios -Padre, Hijo, y Espíritu Santo-, el único que os ama como vosotros deseáis ser amados, el único que puede satisfaceros, que puede dar estabilidad a vuestras vidas. Sólo Cristo es el camino de la Vida.

 
 
San JoséSólo Dios podía dar a José la fuerza para confiar en el ángel. Sólo Dios os dará, queridas parejas de casados, la fuerza para educar a vuestros hijos como él quiere. ¡Pedídselo! A Dios le gusta que se le pida lo que quiere dar. Pedidle la gracia de un amor auténtico y aún más fiel, a imagen de su amor. Como dice magníficamente el Salmo: "Cimentado está el amor por siempre, asentada en los cielos mi lealtad" (Salmo 88, 3).

Al igual que en otros continentes, la familia (…) atraviesa un período difícil, pero la fidelidad a Dios será de ayuda para superarlo. (…) La primera prioridad consiste en volver a dar sentido a la acogida de la vida como don de Dios. Para la Sagrada Escritura, (...) la llegada de un niño es una gracia, una bendición de Dios. Hoy es urgente dar más importancia a esto: cada ser humano, incluso el más pobre y pequeño, está creado "a imagen y semejanza de Dios" (Génesis 1, 27). ¡Toda persona debe vivir! ¡La muerte no debe prevalecer sobre la vida! ¡La muerte nunca tendrá la última palabra!

 
 

(…) ¡No tengáis miedo de creer, de esperar, de amar! ¡No tengáis miedo de decir que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, que solamente Él nos puede salvar! San Pablo es, de hecho, un autor inspirado dado a la Iglesia por el Espíritu Santo como "maestro de las naciones" (1 Timoteo 2, 7), cuando nos dice que Abraham, "esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones, según le había sido dicho: 'Así será tu posteridad'" (Romanos 4, 18).

"Firmes en la esperanza contra toda esperanza", ¿no es una definición magnífica del cristiano? (…) Cada uno y cada una de nosotros fue pensado, querido y amado por Dios. Cada uno y cada una de nosotros tiene un papel que desempeñar en el plan de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Si el desaliento os invade, pensad en la fe de José, si la inquietud os acecha, pensad en la esperanza de José, descendiente de Abraham que esperaba contra toda esperanza; si os azuza la aversión o el odio, pensad en el amor de José que fue el primer hombre que descubrió el rostro humano de Dios en la persona del niño concebido por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen María. Alabemos y demos gracias a Cristo por habernos unido de una manera tan íntima, y por habernos dado a José como un ejemplo y un modelo de amor a Él.

 
 


 
 

Queridos hermanos y hermanas, os lo vuelvo a decir de todo corazón: al igual que José, no tengáis miedo de tomar a María con vosotros, es decir, no tengáis miedo de amar a la Iglesia. María, Madre de la Iglesia, os enseñará a seguir a sus pastores, a amar a vuestros obispos, vuestros sacerdotes, vuestros diáconos y vuestros catequistas, y a seguir lo que os enseñan, a rezar también por sus intenciones.

Quisiera dirigir, además, una exhortación particular a los padres de familia, pues san José es su modelo. Él os puede enseñar el secreto de vuestra paternidad, él que veló por el Hijo del Hombre. Del mismo modo, todo padre recibe de Dios a sus hijos creados a su imagen y semejanza. San José fue el esposo de María. Del mismo modo, a cada padre de familia se le confía el misterio de la mujer a través de su propia esposa. Como san José, queridos padres de familia, respetad y amad a vuestra esposa y guiad a vuestros hijos con amor y con vuestra presencia atenta hacia Dios, donde deben estar (Cf. Lucas 2, 49).

(De la homilía que pronunció Benedicto XVI en Yaoundé, Angola, en la fiesta litúrgica de san José,19 de marzo de 2009)