A Jesús por María rafael
     
El valor de aceptarse a sí mismo
Julio 2007
     
Jesús

Hola, Jesús. En el verano todo es un poco diferente, nos relajamos, perdemos la rutina, parece que la situación nos empuja a olvidarnos de ti; así que tenemos que pedirte una ayuda especial para que dejemos entrar tu Amor en nuestra vida, sea cual sea nuestra circunstancia.

Que te veamos en nuestros familiares y amigos, en los ratos de ocio, en el sueño, en el juego y en el trabajo. Gracias.

 

«Como mejor podemos emplear la dulzura es aplicándola a nosotros mismos, sin despecharnos nunca contra nosotros y nuestras imperfecciones; pues aunque es razonable que cuando cometemos una falta nos aflijamos y entristezcamos, sin embargo, hemos de procurar no ser víctimas de un malhumor desagradable y triste, despechado y colérico. En esto faltan muchos que se enfadan por haberse enfadado, se entristecen por haberse entristecido, y se desesperan por haberse desesperado; con este sistema su corazón está sumergido en cólera, y parece que la segunda cólera arruina a la primera, de tal suerte que sirve de apertura e invitación para una nueva cólera en la primera ocasión que se presente; aparte de que estos enfados, despechos y asperezas contra uno mismo tienden al orgullo y no tienen más origen que el amor propio, que se turba e inquieta por vernos imperfectos.»

(Silencio)

«Hay, pues, que tener un desagrado de nuestras faltas que sea tranquilo, sereno y firme… Nos castigamos más eficazmente a nosotros mismos con un arrepentimiento tranquilo y constante que por arrebatos violentos, impacientes y coléricos; principalmente porque estos arrebatos no responden tanto a la gravedad de nuestras faltas como a nuestras inclinaciones.»

(Silencio)

 
  Hijo pródigo

«Cuando tu corazón caiga, levántalo con dulzura, humillándote profundamente ante Dios con reconocimiento de tu miseria, sin maravillarte de haber caído, pues no tiene nada de admirable que la enfermedad sea enferma, la debilidad débil, y la miseria mezquina. Sin embargo, detesta con todas tus fuerzas la ofensa que has hecho a Dios, y con valor y confianza en su misericordia, prosigue el camino de la virtud que habías abandonado.»

(San Francisco de Sales)
 

(Peticiones)

(Contemplación y rezo del 4º misterio gozoso: La Purificación de Nuestra Señora)

  La Virgen y el Niño

 

Mamá María, queremos pedirte que nos ayudes a aceptar y saborear el Amor con el que Dios nos ama a cada uno de una forma tan especial, para que podamos aceptarnos y amarnos a nosotros mismos, aunque veamos muchos defectos y muchos pecados en nuestro interior.
Así podremos abrirnos aún más al Amor de Dios, que nos seguirá transformando, y también nos ayudará a aceptar mejor los defectos de los demás, y a dejar que tu Amor les ame a través de nosotros.

 

(Acción de gracias)

(Oración:)

Dios misericordioso,
me cuesta mucho
aceptarme a mí mismo.
Hay en mí muchas cosas que me molestan (…)

Pongo ante ti todo
cuanto me irrita de mi persona.
Sé que tú me aceptas incondicionalmente.
No me juzgas ni me condenas.
Soy yo
quien me comporto conmigo mismo
de esa manera tan despiadada.

(…) Pongo ante ti mis manos vacías.
Tú llenarás mi vacío con tu amor.
Tú me aceptas con todo
cuanto yo soy incapaz de aceptar.

Aun cuando sé que tú me aceptas,
me cuesta creerlo.
A veces quisiera esconder,
también a ti,
los aspectos que yo mismo no quiero mirar.

(…) Cuando tu amor impregne
todo cuanto hay en mí,
también yo seré capaz de mirar
con mirada benevolente todo eso
que está en mi pèrsona.
Entonces encontraré la valentía
para tratarme a mí mismo con bondad y,
confiado en tu amor incondicional,
amarme a mí mismo
tal como he llegado a ser.
Amén.

(Anselm Grün, OSB)