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A Jesús por María rafael
 

Libres en las manos de Dios
febrero 2010

Sagrado Corazón

Hola Jesús, estoy contenta de volver. Te agradezco mucho tu espera, que sigas aquí y me acojas. Y este momento, como todos, me parece buenísimo para dejarme llenar de tu Amor y descansar en tu Sagrado Corazón.

Qué mejor que unas palabras del papa Benedicto XVI para centrarnos en el tema:

“Cuántas veces brota en nosotros la sospecha de que una persona que no peca para nada, en el fondo es aburrida; que le falta algo en su vida; que la libertad de decir no, de bajar a las tinieblas del pecado y actuar por sí mismos forma parte de ser personas; pensamos que sólo entonces se puede disfrutar a fondo de ser personas... Pensamos que pactar un poco con el mal, reservarse un poco de libertad contra dios en el fondo está bien, e incluso que es necesario.”

 
 
Pausa. Canto
 
 

“Pero al mirar al mundo que nos rodea, podemos ver que no es así, que el mal envenena siempre, no eleva al ser humano, sino que lo envilece y lo humilla; no lo hace más grande, más puro y más rico; sino que lo daña y lo empequeñece. Debemos aprender más bien esto: quien se abandona totalmente en las manos de Dios no se convierte en un títere de Dios, en una persona aburrida y conformista; no pierde su libertad. Sólo quien se pone totalmente en manos de Dios encuentra la verdadera libertad, la amplitud grande y creativa de la libertad del bien.”

 
 
Pausa. Canto
 
 

“Quien se dirige hacia Dios no se hace más pequeño, sinoDe la mano más grande, porque gracias a Dios y junto con él se hace más grande, se hace divino, llega a ser verdaderamente él mismo. Quien se pone en manos de Dios no se aleja de los demás, retirándose a su salvación privada; al contrario, sólo entonces su corazón se despierta verdaderamente y él se transforma en una persona sensible y, por tanto, benévola y abierta. Apliquemos esto a nuestra vida. Es importante que Dios sea grande entre nosotros, en la vida pública y en la privada.”

 
 
Contemplación y rezo del tercer misterio luminoso, “La predicación del evangelio”
 
 

“Volvamos nuestra mirada a la Virgen María, ella fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo y con Dios es reina del cielo y la tierra. ¿Acaso así está alejada de nosotros? Al contrario. Precisamente al estar con Dios y en Dios está muy cerca de cada uno de nosotros. Cuando estaba en la tierra sólo podía estar cerca de algunas personas. Al estar en Dios, que está cerca de nosotros, más aún, que está dentro de nosotros, María participa de esta cercanía de Dios, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos con su bondad materna. Nos ha sido dada como madre –así lo dijo el Señor-, a la que podemos dirigirnos en cada momento. Ella nos escucha siempre, siempre está cerca de nosotros; y, siendo Madre del Hijo, participa del poder del Hijo, de su bondad. Podemos poner siempre toda nuestra vida en manos de esta Madre, que siempre está cerca de cada uno de nosotros.”

 
 
Acción de gracias
 
 

Oración:

Te amo, Dios mío,
y mi único deseo es amarte
hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, Dios mío infinitamente amable,
y prefiero morir amándote
que vivir un solo instante sin amarte.

Te amo, Señor,
y la única gracia que te pido
es amarte eternamente.
Te amo, Dios mío,
y deseo el cielo sólo para tener la felicidad
de amarte perfectamente;
te amo, Dios mío infinitamente bueno,
y sólo temo el infierno porque ya no tendremos nunca
el dulce consuelo de amarte…

Dios mío, si mi lengua no puede decir a cada momento que te amo,
quiero que mi corazón te lo repita
cada vez que respiro…
Dios mío, dame la gracia de sufrir amándote
y de amar sufriendo.
Te amo, mi divino Salvador,
porque has sido crucificado por mí;
te amo, Dios mío,
porque me tienes aquí abajo crucificado por ti…

Dios mío, dame la gracia de morir amándote
y sabiendo que te amo.
Dios mío, a medida que me acerco a mi fin,
dame la gracia de aumentar mi amor y de perfeccionarlo.

(San Juan B. María Vianney)

El Cura de Ars