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Cuaresma, la gracia de la libertad interior |
Febrero 2008 |
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Hola, Jesús, aquí estamos, en plena Cuaresma, estos días maravillosos en los que Tú nos das la oportunidad de librarnos de las ataduras que hacen que haya en nuestras vidas tristeza, angustia, nervios. Tú ya nos has salvado y nos lo quieres regalar. |
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Sí, en estos días nos vas mostrando, de un modo más intenso que el resto del año, la cantidad de cosas que hacemos mal. Siempre lo haces de un modo muy delicado, a cada cuál según le conviene; pero, si estamos atentos, podremos verlo con claridad.
Yo creo que todos los sacrificios que nos pide la Iglesia, o que nos pedimos a nosotros mismos, durante la Cuaresma son, en parte, para mostrarnos la poca cosa que somos, o bien porque nos cuestan mucho, nos enfadamos, buscamos excusas de lo más variado para no hacerlos, o porque, si conseguimos hacerlos, se nos sube el orgullo una barbaridad.
Como esto, el Señor nos puede mostrar muchas más cosas, y tenemos que pedirle la gracia de aceptarlo y entregárselo; porque ¿a dónde nos lleva la Cuaresma? A la celebración de la muerte y resurrección del Señor, es decir, a nuestra liberación, a nuestra salvación. |
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Pidámosle a nuestra Madre María que nos acompañe en este camino, que ella acoja las gracias en nosotros para que no desperdiciemos todo lo que el Señor ha hecho y sigue haciendo por nosotros; para que no hagamos inútil la muerte y resurrección de Jesús.
De la mano de la Virgen acerquémonos a Jesús en el sacramento de la confesión. Él ya nos espera con todo el cariño del mundo, y Él ya conoce toda nuestra miseria, mucho mejor que nosotros; por eso nos espera con muchísima ilusión, porque Él es el único que nos puede liberar de todo ese peso que nos oprime. Así podremos volver a empezar como si fuéramos hombres nuevos, mujeres nuevas. |
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(Peticiones)
(Contemplación y rezo del primer misterio doloroso, La oración de Jesús en el huerto) |
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(Acciones de gracias)
(Canto)
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Señor Jesucristo,
tú has padecido por nosotros.
También has padecido por mí.
No sé
por qué tuviste que seguir ese viacrucis.
Pero en él veo tu amor por nosotros,
en el que te has mantenido hasta el final.
Habrías podido huir
ante la dureza de mollera de los seres humanos.
Cuando contemplo tu pasión,
me asombro de tu amor por mí.
También por mí pusiste en juego
tu vida.
También por mí te entregaste.
A tus ojos soy valioso.
Por eso quiero,
en este tiempo anterior a la Pascua,
contemplar tu amor,
cómo brilla para mí
desde tu pasión.
No espero con ilusión la Cuaresma,
pero sé que me hace bien.
Por eso te pido, Dios de bondad,
que se convierta para mí en tiempo de gracia,
en tiempo de purificación interior y libertad.
Haz que me dé cuenta
de las dependencias en que me he enredado.
Dame los días de la Cuaresma
como tiempo de práctica de la libertad interior.
Límpiame de emociones turbias,
de la amargura, de la desilusión y del enfado,
para que en el campo de mi alma pueda crecer
un trigo bueno y fructífero.
Amén.
(Anselm Grün) |
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