A Jesús por María rafael
     
Desprendimiento del yo

Agosto 2007

 

Hola, Jesús. Ya se va acabando el verano y en estos días de cambio de ritmo no queremos perder de vista que Tú eres nuestra salvación, Tú eres nuestra alegría, y sólo cerquita de Ti podemos ser felices.

(Canto)

 
 

Señor, tengo que aceptar que hay dentro de mí unas ganas locas de ser « alguien » , de ser apreciado, de ser apreciada, y de tener algo en las manos que ofrecerte; porque así me parece que ya puedo recibir tu Amor, como si tuviera derecho a él. Pero en realidad eso no es así, pues Tú me regalas tu Amor. Tu Amor es gratis.

(Silencio)

Debería más bien dirigir mis esfuerzos a dejar que tu luz entre en mi interior, a pesar de que lo que vea no me guste; a buscar siempre tu voluntad y no dudar nunca de tu Amor. Aunque cometa errores y pecados, o las cosas vayan mal, que siempre corra a tus brazos.

(Silencio)

 
Jesús llama El Señor quiere que espere continuamente el encuentro con Él, que le espere a cada instante. De hecho Él está incesantemente a mi puerta y llama. Quiere encontrarse conmigo de día y de noche, en la alegría y en el sufrimiento, en los acontecimientos extraordinarios y en el ritmo monótono de la vida cotidiana.
Esta presente en mí y a mi alrededor, a través de todo lo que Él creó.

Llama a mi puerta en los sucesos grandes y pequeños.
Está presente en su voluntad, que desea revelarme.

(Cf. S. Biela, Estoy a tu puerta y llamo, pp. 115-116 )

(Canto)

 
 

(Peticiones)
(Contemplación y rezo del 4º misterio gozoso: La Purificación de Nuestra Señora.)

 
María nos acerca a Jesús
Mamá, te pido que me acompañes continuamente en este camino, en estos pequeños esfuerzos; porque, si lo hago yo sola, no haré más que cansarme sin sentido. Y te quiero pedir también que me ayudes a sobrellevar la derrota, o el no ver frutos; a comprender que, si el Señor lo quiere así, será porque es lo que más me conviene.
 
 
(Canto)
(Acción de gracias)
 
 

Oración:

Dios de bondad, Dios de la libertad,
con frecuencia percibo cómo doy vueltas
en torno a mí mismo
y cómo me aferro a mi persona.
En todo cuanto hago me pregunto
si está suficientemente bien
o en qué me beneficia.
Cuando oro pienso
en las mil cosas que quedan por hacer.
En la oración me gustaría mucho desprenderme
sencillamente de mí mismo, estar sencillamente ante ti,
percibir tu presencia.

Me gustaría librarme del afán
de referirlo todo a mí y
de juzgarlo todo.
Hazme sencillamente estar,
sin seguir dándole vueltas a cuánto
camino he andado ya hacia ti.
En la oración, ante ti, quisiera
poder olvidarme de mí, para que ya sólo
cuente tu presencia.
Pero sé de mi impotencia.
Mi ego, que todo lo refiere a sí,
que todo lo juzga, que con todo
cuanto hace pretende conseguir algo
– incluso en la oración – ,
se interpone siempre de manera molesta.
Por eso te pido la capacidad
de desprenderme ante ti
de todo cuanto me mueve, de todos mis
pensamientos evaluadores y de mí mismo.

Barrunto
que este «olvidarme» me liberará.
Quiero sencillamente
estar ante ti, estar en ti,
para que tu amor
sea la realidad
que verdaderamente importe.

Amén.
(Anselm Grün, OSB)
rafael