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Jesús resucitado, consuelo y esperanza |
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Hola, Jesús.
¡Qué alegría volver a estar contigo otra vez! Seguimos celebrando tu Resurrección, llenos de esperanza, porque tu Resurrección es el anticipo de la nuestra.
(Canto)
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| Me encanta la frase de nuestro querido Papa Juan Pablo II, que ahora nos repite Benedicto XVI: «Jesucristo es nuestra esperanza». Porque el vivir en este momento de la historia se nos hace duro; miremos por donde miremos, parece que el mal vaya a triunfar; pero no. Dios es mucho más grande y poderoso que todo el mal de la historia junto; su Misericordia sobrepasa infinitamente el mal que el hombre puede generar.
Es mirando a Jesús (a lo largo de toda su vida) donde los que queremos amarle encontramos el consuelo y la esperanza. Nuestro Dios es grande, es omnipotente, y es todo Amor. (Silencio) |
Nos amó y nos ama tanto que envió a su Hijo único, que es Dios, para que se hiciese uno de nosotros, igual a nosotros excepto en el pecado, con la misma capacidad nuestra de alegrarse y de sufrir, para que pudiéramos llegar más fácilmente hasta Él. Miremos a Jesús, en Él está la solución a todos nuestros problemas y los del mundo entero.
Y cuando veamos que nos distraemos mucho, pidámosle a nuestra Madre María que nos coja fuerte de la mano y nos lleve Ella hasta el Señor, porque somos muy débiles. (Silencio) |
Peticiones.
Contemplación y rezo del primer Misterio Glorioso: La Resurrección del Señor. |
Oración: Señor Jesucristo resucitado,
tú te encontraste una y otra vez con tus discípulos
después de tu Resurrección.
Acompañaste a los discípulos de Emaús,
que estaban huyendo de sí mismos
y de su decepción.
Tú hablaste con ellos
de manera que su corazón empezó a arder.
Tú les partiste el pan, y ellos te reconocieron.
También conmigo quieres encontrarte,
como el Resucitado, en cada Eucaristía.
Allí estás entre nosotros y nos partes el pan,
para que también a nosotros se nos abran los ojos
y te reconozcamos. |
Te encontraste con los discípulos
junto al mar de Genesaret
en medio de la noche de su infructuosidad.
Ellos se habían pasado la noche entera
trabajando en vano. Tú estabas de pie en la orilla,
y les dirigiste la palabra.
Y cuando su red se llenó de golpe,
tu discípulo amado se dio cuenta:
«¡Es el Señor!» .
Tú estás también junto a mí
en mi vida cotidiana, en la oficina,
en las reuniones, en las comidas en común.
Ábreme los ojos para que te reconozca
en todo cuanto hago.
Entonces la noche de mi infructuosidad
se transformará en mañana luminosa,
mi soledad y el gris de mi vida cotidiana,
en la experiencia de tu cercanía amorosa. |
Te encontraste con Tomás, el discípulo que dudaba.
Tú conoces también mis dudas
acerca de si algunas cosas que creo son mera ilusión.
Entra Tú mismo dentro de mis dudas
y muéstrate a mí. Tócame
con tu palabra para que yo me atreva
a tocarte y pueda decir con Tomás:
«Señor mío y Dios mío».
Que en mi duda me postre
como Tomás y te adore:
Tú eres verdaderamente mi Señor y mi Dios.
Tú has resucitado realmente
y me levantas también a mí. Amén. (Anselm Grün) |
(Acción de gracias)
(Canto) |
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